No es lo que haces: es lo que no estás gestionando
Si nuestra vida pudiera modelarse como un proceso , probablemente empezaríamos observando con más atención qué dejamos entrar en ella, cómo se desplaza por nuestro interior, en qué puntos se atasca y qué huella termina dejando en nosotros. Nos daríamos cuenta de en qué momentos nos sentimos más ligeros y en cuáles nos cuesta avanzar, qué situaciones nos drenan y cuáles nos impulsan, y poco a poco iríamos entendiendo mejor cómo funcionamos por dentro. Lo que aceptamos, lo que rechazamos y lo que transformamos. Un sistema en movimiento donde cada “sí” nos conduce por un camino y cada “no” nos desvía hacia otro. Pero no es desde esa lógica desde la que actuamos. En la práctica, tendemos a hacer justo lo contrario: dejamos entrar más de lo que podemos procesar, reaccionamos sin detenernos a entender qué nos está pasando y acumulamos estímulos, compromisos y pensamientos sin preguntarnos si realmente tienen un lugar en nuestra vida. Y es ahí donde empezamos a perder claridad, energía...

