¿Podrías narrar el argumento de una película de Navidad utilizando tu situación laboral actual? Yo sí.
Me gustan las películas de Navidad
Las películas de Navidad empiezan casi siempre igual: música introductoria con campanas tubulares o glockenspiel que nos invitan a conectar, protagonistas hermosos en la flor de la vida, una historia sencilla y una promesa implícita de que todo, de algún modo, acabará bien.
No es ingenuidad creer que las cosas pueden salir bien; lo ingenuo es no tener estructura. La estructura permite que la esperanza tenga recorrido.
Hoy quiero contar un proceso de búsqueda de empleo como si fuera una película de Navidad.
Planteamiento + conflicto + desarrollo + resolución.
Planteamiento
Empieza con una protagonista de capa caída —Marian— y un objetivo claro: reincorporarse al mundo profesional tras dos colaboraciones breves y una pausa de formación. Vive en Manhattan, pero se ha quedado sin empleo. El amor no ocupa ahora el centro del relato; la familia está bien, pero toca recuperar la estabilidad laboral.
Después de varias entrevistas fallidas y necesitando un descanso mental, Marian decide marcharse a pasar las Navidades a Vermont con sus padres, tras más de cinco años sin regresar.
* No hay historia navideña que merezca la pena que no se desarrolle en Vermont: es el entorno que permite que la magia ocurra.
Cuellos de botella o desechables
(que a veces nos dan pistas o nos llevan a la siguiente fase)
Marian llega a Vermont, se reencuentra con sus padres y con una vida que había dejado en pausa. Conoce de nuevo a la familia, toma chocolate caliente como si no hubiese un mañana —ni un estómago que no hiciera trizas—, ya que lo ofrecen cada cinco minutos. Asiste a la inauguración del encendido del árbol de Navidad, que generalmente se celebra en los almacenes de un señor mayor del pueblo cuyo joven hijo se niega a coger el relevo empresarial porque tiene todas sus esperanzas puestas en un negocio más altruista. Por supuesto este joven, James, es con quien ella ha tropezado a su llegada a Vermont y vuelven a encontrarse.
El encuentro no es precisamente cordial: intercambian unas palabras más que hirientes y, desde entonces, se observan con gesto frío e indiferente
*(no sé cuántos habitantes tiene Vermont pero ellos se encuentran a todas horas) .
Conflicto
En Vermont necesitan imperiosamente organizar la feria anual navideña de recogida de víveres para los más necesitados. La persona que se encarga habitualmente de ello ha enfermado y no ha dejado nada por escrito sobre cómo proceder.
Curiosamente, James —el hijo del dueño de los almacenes— recibe el encargo de buscar a alguien que pueda sustituirla y, casualmente, le informan que Marian podría hacerlo muy bien. Se encuentran cuando esta sale de una cafetería, donde ha ido a comprar unas galletas de jengibre.
Desarrollo
Con el conflicto entra la necesidad de encontrar no sólo a alguien que haga el trabajo que otros no pueden hacer, sino también de reconstruir y documentar cómo se hacía el proceso. Esto permite que Marian despliegue, durante sus vacaciones y de manera desinteresada, toda su experiencia y su impecable forma de trabajar, llevando a la excelencia un proceso que no sólo será un éxito, sino que quedará documentado en los archivos de la Biblioteca de Burlington.
El tiempo de colaboración conjunta —Marian y James— da margen para recrear la feria, siempre poco abrigados, sin despeinarse y con tiempo de sobra para conocerse, ir a cenas improvisadas y visitar pueblos colindantes… hasta enamorarse.
Resolución
Un empresario de Manhattan, James Callahan, jefazo de Hearthstone Consulting Group y con la mirada puesta en Vermont y en los grandes profesionales que emergen allí en Navidad, ve por televisión la feria navideña y el alcance que esta ha tenido, y decide desplazarse al lugar.
La noche anterior, Marian ya había besado a James, tras litro y medio de chocolate con nubecitas y después de hacer dos kilos de galletas de jengibre junto a la abuela de este. Lo que ella no sabe es que el señor Callahan ha preguntado expresamente por la persona responsable de la feria y que, en los escasos cinco minutos que restan de película, se encontrarán por la calle,
el empresario le manifestará el orgullo que sería para la compañía contar con su experiencia y le ofrece un puesto en Manhattan, con la posibilidad de trabajar en remoto desde Vermont y así no tener que separarse de James. Marian rechazará el trabajo mientras mira a los ojos a James y le comentará a Callaham su intención de apostar por una vida distinta: convertirse en chocolatera, porque ha visto un filón en ese pequeño negocio y ha comprendido que es mejor vivir con amor y en paz en un lugar pequeño, ayudando a los demás.
La película se cierra con un beso entre los amantes y una imagen del señor Callahan sonriendo por la decisión altruista de la protagonista. Los que vemos la película no damos crédito a que pueda dejar pasar la oportunidad pero nos dejamos llevar por tan entrañable propósito.
En las películas navideñas, el proceso no es sólo una secuencia de pasos, sino una persistencia con método. La protagonista ha hecho lo que sabe hacer, como lo sabe hacer y sin esperar nada a cambio. Por su parte la vida le ha regalado el reconocimiento y el premio que este 'bien hacer' debería conllevar. En la vida real, tenemos que buscar los mismos resultados con mucha perseverancia y el reconocimiento si es conservar nuestro trabajo, ya es todo un logro.
Igualmente, las personas que te rodean durante el proceso influyen más de lo que uno cree: confían, ayudan, animan y te recuerdan quién eres cuando flaqueas, cuando todo está en pausa.
Y luego está la fe propia. No la fe ingenua del “todo saldrá bien”, sino la fe operativa: seguir haciendo lo correcto incluso cuando el resultado aún no se ve. Esa fe es la que mantiene el tono de nuestra película, la que impide que la historia derive en drama y nos devuelva, una y otra vez, a la esperanza.
Las películas de Navidad siempre acaban bien porque respetan su estructura: objetivo claro, obstáculos reales, aprendizaje, ayuda externa y perseverancia. Los procesos exitosos de nuestra vida también. No por magia, sino porque alguien decidió no abandonar el guion a la mitad.
Hoy mi artículo —y mi proceso personal— aún no han llegado a los créditos finales. Pero la música sigue sonando. Y hoy, quizá más que nunca, quiero ser esa Marian: esperar esa oportunidad y creer que la Navidad hará su magia. Porque, ¿por qué no? Tal vez el final feliz llegue esta Navidad.
pd. No rechazaré un trabajo para poner una chocolatería.
Cuéntame tu historia aquí: https://www.linguapro.es/blog
FIN

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