Hago CHAS y despego de nuevo...
"Cada nuevo comienzo viene del final de algún otro comienzo."
Séneca
Y aquí estoy yo, a punto de saltar, con el
estómago revuelto y la energía de un niño la mañana de Reyes.
Expectativa, nervios, ganas de salir corriendo y,
al mismo tiempo, de lanzarme de cabeza. Porque sí, los comienzos tienen esa
mezcla electrizante entre ilusión y un poquito (o un muchito) de miedo. Porque
cada inicio es un umbral a lo desconocido, y este, en particular, me tiene
emocionada.
El primer día, la primera impresión, esa nueva
oportunidad. Los comienzos son emocionantes, brillantes, llenos de
posibilidades y, por qué no decirlo, también aterradores. Es como subirse a una
montaña rusa sin saber si el cinturón está bien puesto. Pero ¡oh, la adrenalina
lo compensa todo!
Te preparas con la mejor versión de ti mismo,
ensayas sonrisas y respuestas ingeniosas, tratas de parecer seguro, aunque no
tengas ni idea de lo que está pasando. A veces todo fluye como si estuviera
destinado a ser, otras veces tropiezas, dices algo fuera de lugar o te das
cuenta de que no deberías haber usado esos zapatos nuevos que te torturan desde
el primer minuto.
Hay un momento incluso, en el que todo parece un desastre, en el que piensas "¿qué estoy haciendo aquí?, ¿merezco estar aquí?,¿esto es para mí?". Pero de repente, algo hace clic. Una risa compartida, un pequeño gesto cómplice, una señal de que todo va a salir bien. Y así, poco a poco, ese inicio torpe se convierte en una historia, en una anécdota que muy probablemente recordarás más adelante con un poco de ternura.
La magia de los comienzos radica en que están
llenos de esperanza, de esa chispa que nos impulsa a dar el salto, aunque no
sepamos si caeremos de pie o de boca. Puede que haya tropiezos, que el primer
día sea un desastre, que todo sea más caótico de lo esperado. Pero sin esos
inicios torpes, no llegaríamos a los momentos donde realmente nos sentimos en
casa.
Y hablando de comienzos... estoy en uno de ellos.
Aunque no voy a revelarlo todo de golpe. Como todo lo bueno, merece su propio
ritmo. Pero puedo decir que, como en cualquier gran historia, el primer paso ya
está dado.
Los comienzos rara vez se anuncian con fanfarrias. A veces, empiezan en silencio, con una decisión, con un mensaje, o con una llamada de teléfono inocente.
Quizás, sin saberlo, el tuyo
ya ha comenzado.
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