La disfrutona

 

Por ahí la veo venir, ella sola se distingue,

‘’trae con ella mil cosas que contar,

Una sonrisa, dos cervezas’’,

y hasta un hombro en el que llorar.

 

Su presencia genera electricidad en la noche oscura,

siete veces más fuerte, siete veces más pura.

 

Ha surcado mares violentos,

hasta poner su barco en sotavento.

Ahora sus tormentas son pequeños azotes de viento

que cesan si la besas a tiempo

 

Dale un día triste y sofocante,

que te lo arregla con un vino elegante.

No conoce la culpa ni la desgana,

se ha enfrentado a sus demonios, te desafía en la cama.

 

Ha luchado contra los prejuicios, las críticas ajenas.

Han cuestionado su valía, sus elecciones, sus penas.

Al valiente, le lleva por el camino de la aventura,

pero el miedo que la tienen algunos, no tiene cura.

 

No se pierde en tus rollos de roles y obligaciones,

antes, se toca y te mira, comiendo melocotones…

Vive alejada de tus expectativas, le importa gustarte un comino,

y si la mientes, le fallas o engañas, se marcha por donde vino.

 

Recuerda sus sueños, sus anhelos más profundos,

y se permite guiarse, sin miedo, por los segundos.

 

La disfrutona reconoce a su compañero cómplice y leal,

por lo honesto de su sonrisa, por esa luz en el eclipse fugaz.

Y lo seduce para que camine a su lado sin temor a mojarse los pies,

para luego saborearlo entero y dejarlo al revés.

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